Marcelo: «Siempre detrás de la pelota»

A veces, para alcanzar un sueño, se necesita mucho más que talento y constancia. En ocasiones se requiere de suerte y coincidencia en tiempos y destinos. Incluso, el respaldo de los seres queridos se convierte en el mayor aliciente para concretar las metas que son marcadas desde la niñez. Y así nace esta historia, en el barrio de Catete en el paradisiaco destino mundialmente conocido como Río de Janeiro. No todo son bellas playas, atardeceres, lujos y batucadas, adornando el melifluo choque del oleaje y la marea extinguiéndose en la costa. También encontramos anécdotas dignas de ser relatadas como cuentos que giran alrededor del paraíso previamente descrito. En Brasil, son vastas las historias que nacen detrás del amor por la pelota.

 

marcelo

 

Marcelo Vieira da Silva Júnior, un chaval que como todo infante, se declaraba orgullosamente soñador. ¿Con qué soñaba Marcelo? Compartía sueños y metas con casi todos los niños de su edad: correr detrás de la pelota y brillar en los grandes escenarios del fútbol mundial. Pero dentro de ese universo de soñadores, por ahí en la década de los 90, Marcelo destacaba en las canchas de futsal y pulía esa técnica que posteriormente iba a ser disfrutada y aplaudida por la torcida del Fluminense y los espectadores de la Casa Blanca de Chamartín, el Estadio Santiago Bernabéu, hogar del club reconocido como el mejor del siglo XX y, probablemente, el mejor equipo en la historia del fútbol: Real Madrid.

Pero, muchos años y victorias antes de verse consagrado como uno de los mejores laterales del mundo, la historia del crack brasileño se remonta a las calles de Río de Janeiro, donde el típico carioca da sus primeros dribles al lado de sus amigos de la infancia, todos contagiados por la magia del balón. Marcelo inició su romance con la pelota y el fútbol a muy corta edad, en sus primeros años gustaba de ser quien hiciera los goles y vaya que era bueno con esa zurda inquieta que día tras día, en el barrio y fuera de su casa, adiestró sin freno alguno. Él siempre fue aficionado del Fogão, equipo oficialmente conocido como Botafogo, por lo que su remera alvinegra era motivo constante de lucha con su madre ya que no había día que la casaca no regresará llena de tierra, arcilla, lodo, o cualquier elemento que formara parte de la cancha del momento. Curiosamente, hasta la fecha, esos colores que lleva en lo más profundo de su corazón jamás los ha podido vestir profesionalmente.

A pesar de tener una infancia complicada y con diversas dificultades económicas, su madre y su abuelo Pedro fueron sustento de vida para ‘Marcelinho’. Independientemente de haber ingresado a las inferiores del Fluminense a los 13 años de edad, no fue hasta los 14 que pudo tener su propia pelota, la cual se convertiría en su inseparable compañera. En palabras de Marcelo: «Cuando tenía 14 años le pedí un balón a mi mamá y ella me dijo: ‘No, Marcelo. No tenemos dinero’. Entonces fui a la tienda y le dije al señor: ‘Me puede vender un balón, se lo pago cuando sea futbolista’. Él se río y me dijo: ‘Claro que sí, Marcelinho. Sólo acuérdate de pagarlo’. Y así emprendí el camino para cumplir mi sueño y mis promesas». Curioso que después de tanto patear, besar y acariciar un balón, tuvieran que pasar tantos años para poder dormir abrazado de una esférica propia.

 

Marcelo

 

Sus inicios no fueron fáciles en las inferiores del ‘Flu’. Muchas veces contempló desistir y posicionar su mirada en el futsal pero no existió un sólo instante donde su abuelo Pedro no estuviera para motivarlo. En una entrevista concedida al canal oficial del Real Madrid en el año 2015, Marcelo expresó la importancia de Pedro, su abuelo, a lo largo de los inicios de su carrera: «Si estaba mal, él me decía que era el mejor del partido y siempre me ponía por las nubes. Desde niño, siempre a mi lado, dándome fuerza. Él siempre fue como un padre para mí, su partida ha sido una de las grandes luchas en mi vida. Fue chofer, entrenador, motivador y hasta psicólogo para mí. Hoy en día no estaría donde estoy si no fuera por Pedro». Para Marcelo, el haber sido campeón de la UEFA Champions League con los ‘Merengues’ antes de la partida de su abuelo siempre será una de sus mayores satisfacciones.

Fugaz como la vida misma fue su paso por la Primera División de Brasil. Sus regates, desborde y velocidad por la lateral izquierda captaron la atención de los visores del Madrid. Marcelo jugó apenas 30 partidos con el ‘Flu’ y con 18 años fue transferido al Real Madrid en el 2006 como el heredero de Roberto Carlos. En esta misma temporada de fichajes, el cuadro blanco contrató a Fabio Cannavaro, campeón del mundo con Italia, Gonzalo Higuaín y Ruud Van Nistelrooy, por lo que el nombre Marcelo Vieira da Silva pasó realmente desapercibido para la afición merengue sin saber que, en un futuro cercano, este chico brasileño se consagraría como digno sucesor de Roberto Carlos y uno de los mejores jugadores en la historia del club.

 

Marcelo

 

Han pasado diez años ya desde que ‘Marcelinho’ se enfundó por primera vez en la armadura blanca. ¿Su debút? El 7 de enero de 2007, en el estadio de Riazor. Con sólo 18 años, el brasileño dio inicio a una gran trayectoria, en la cual se ha hecho un hueco en la historia del club blanco. Una década después, Marcelo es el segundo capitán del equipo y ha disputado 434 partidos. Esta cifra le convierte en el segundo extranjero con más encuentros en el Real Madrid, solamente tras Roberto Carlos (527). Su palmarés es extenso (18 títulos): 4 Ligas (2007, 2008, 2012 y 2017), 3 UEFA Champions League (2014, 2016 y 2017), 2 Copas del Rey (2011 y 2014), 3 Supercopas de España (2008, 2013 y 2018), 3 Mundiales de Clubes (2014, 2016 y 2017) y 3 Supercopas de la UEFA (2015, 2017 y 2018). Sin duda alguna, una leyenda del conjunto de Chamartín.

Y así se forjan los éxitos. Siendo constantes, creyentes y teniendo a un lado a quienes jamás nos dejarán desistir en la lucha por conseguir nuestros sueños. Marcelo sigue siendo ese niño risueño que correteaba por las calles y las canchas del barrio de Catete en Río y, más allá de haber concretado aquellas utopías que lo motivaban en su niñez, su sonrisa sigue iluminando al Santiago Bernabéu y todas y cada una de las canchas que fueron, son y serán, escenario de aquel chaval que sonreirá siempre y cuando esté… detrás de la pelota.

 

Marcelo

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