Carlos Tévez: el apache que jamás usó un arma

Estuvo condenado a la tragedia incluso antes de nacer. El barrio Ejército de los Andes, popularmente llamado el Fuerte Apache, lo vio crecer entre sus 25 multifamiliares. Aquella tierra bonaerense solo le ofrecía delincuencia, problemas y un destino incierto. Para Carlos, estos obstáculos quedaron reducidos a nada una vez que conoció el fútbol.

Nació un 5 de febrero de 1984 en Buenos Aires, Argentina. Cuando tenía seis meses de edad, su madre partió de casa. Quedó a cargo de su padre y su hermano Juan Alberto. Cuatro meses después, una pava de agua hirviendo le cayó en la cara. La sábana de nailon que lo cubría en su travesía al hospital lo complicó todo. Las quemaduras y el nailon caliente se habían adherido a su piel provocando que Carlitos estuviera por más de dos meses en terapia intensiva.

Luego de aquel suceso, sus tíos: Adriana Martínez y Segundo Tévez, lo adoptaron como un hijo más. Se hicieron cargo de él y le dieron el apoyo que su familia biológica no le había dado. Todo era mejor para Carlitos que para entonces ya había recibido el apellido Tévez.

En el Fuerte Apache las cosas eran duras. A todas horas y en cualquier día, existían problemas. Todo lo cercano a Carlos eran malos ejemplos. No asistió formalmente a la escuela como todos los niños. Su educación más bien fue adquirida en la calle junto a un balón y sus amigos del potrero donde jugaba. El Club Santa Clara, equipo local del barrio, fue su primer vínculo con el fútbol.

 

 

 

 

A los cinco años conocía por primera vez la gloria pero al mismo tiempo, el dolor de perder a alguien cercano. Al mismo tiempo que Norberto “Tano” Propato, visor del club All Boys, lo miraba hacer maravillas con el balón aun estando descalzo, su padre moría frente al Fuerte Apache en un tiroteo.

Era 1989 Carlitos Tévez ya maravillaba a los visores de otros equipos. Jugando con All Boys consiguió hacerse de renombre en el fútbol local. Al lado de otros siete niños de su barrio, la generación 84 del club brillaba sola. De aquellos chiquillos, Carlos es el único que continúo en el fútbol. Los otros seis, tuvieron otra suerte.

De los casos más emblemáticos de esta generación resalta el de Darío Coronel. Apodado “Cabañas” por su corpulencia similar a la de Roberto Cabañas, mítico número 9 de Boca Juniors. Darío, nació el mismo año que Carlos. Jugaron, estudiaron y crecieron siempre en el mismo lugar. No era raro que compartieran hasta la afición por el fútbol.

Fueron los mejores amigos desde antes de que All Boys los reclutara. Se dice que el futuro de Coronel pintaba mejor que el de Carlitos sin embargo la historia dice otra cosa. A los once años los dos amigos hicieron pruebas para Vélez. Cabañas quedó pero Tévez tuvo que hacerse a un lado.

Además de la posición, la estatura y el estilo de juego, Darío tenía diferentes intenciones a las de Tévez. Una vez que ambos lograron ascender en el fútbol juvenil, Darío prefirió seguir el mal camino. Se convirtió en parte de una de las bandas más peligrosas del barrio y optó por dejar el fútbol y tomar la delincuencia como su cómplice. Cuando ambos cumplieron 17 años Carlos Tévez fue buscado por la sub 17 de la Argentina. Darío también era buscado pero por la policía de Buenos Aires.

Mientras Carlos estaba concentrado con la selección recibió una noticia que lo marcaría de por vida. Su mejor amigo y compañero había muerto de un balazo en la sien. Desde entonces, Carlos decidió que no quería regresar más al barrio. Quería abandonarlo para su bien y el de su familia. Así lo hizo y a pasos agigantados.

En 2001 llegó a Boca Juniors. El jugador chaparrito y fornido, daba tintes de calidad. Como delantero rápidamente conectó con el club. Cautivo a la 12 y se ganó a la Bombonera. Al principio no hubo muchos minutos. Un año más tarde, logró hacerse de la titularidad y participar en una gran temporada de Boca Juniors. Para 2003 ya formaba parte del Boca campeón de libertadores con un gol suyo frente al Santos de Brasil.

 

 

Carlos Tévez

Carlos Tévez con Boca Juniors en el 2001

 

 

También fue parte del glorioso equipo que vencía al Milán en la copa intercontinental de ese mismo año. Su pase a Europa estaba sellado pero él decidió otra cosa. Para 2005 el club Corinthians de Brasil lo ficha. Consigue cosas importantes y logra ganarse a la torcida del club. Después de algun tiempo, esta misma barra quebranta su relación con el Apache y es esta misma razón la que lo obliga a salir del club.

El destino esta vez es Inglaterra. El West Ham United le abría las puertas a él y a Javier Mascherano. Con los Hammers jugó 29 partidos y aunque al principio no participaba mucho, fue pieza clave para evitar el descenso del club en el 2007.

Para ese mismo año el Machester United logra hacerse de sus servicios. Cedido a préstamo por los Hammers, logra dar un salto de calidad con la playera de los Red Devils. Conforma una delantera de miedo junto a Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney. Este equipo logra no solamente imponerse en Inglaterra sino que se establece como el mejor club de Europa luego de ganar la Champions del 2008 y el mundial de clubes del mismo año.

La carrera de Tévez iba en ascenso. Ya nada quedaba de las tragedias pasadas. Pero para los planes de Ferguson como director técnico del Manchester United, el nombre de Carlos no figuraba. Esta decisión hizo que el número 32 se deslindara por completo del club y fichara por el rival más cercano al United: el Manchester City.

Con este equipo logra consolidarse en Inglaterra. Él es parte del inicio del proyecto que el machester City propondría en su búsqueda por la consagración en Inglaterra. Sin embargo su paso por el club estuvo más plagado de controversias y conflictos con los dirigentes del equipo que por sus hazañas como jugador. Con el club logró ganar solamente la FA Cup del 2011 y la Premier y Community Shield del 2012. Un palmares menor al que logró con los Red Devils.

Con los Citizens jugó hasta la temporada 2013. Los ojos de la novia de Italia se habían posado sobre Carlitos. La Juventus logra ficharlo en el 2013 y sin pensarlo, Tévez partió a Turín. Ahí no solo quedaría comprobada su calidad y su garra, sino que su carrera como delantero quedaría consolidada. Ganó todo con la Juventus y cuando parecía que Europa le ofrecía otra oportunidad, él decidió regresar a Argentina con el club de todos sus amores: Boca Juniors.

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