La leyenda de Federer

Hablar de Roger Federer es hablar del mejor tenista de todos los tiempos. Sus 18 títulos de Grand Slam lo ubican en solitario en una galaxia aparte, pero es en particular en Wimbledon, en donde el suizo ha forjado gran parte de su leyenda. Todo comenzó en la cuarta ronda de 2001, con un enfrentamiento entre un chamaco de 19 años y el siete veces campeón, Pete Sampras. Ese día Roger derribó al mito en cinco sets y marcó el punto de inflexión en su carrera. Terminaba la era Sampras. Comenzaba la era Federer.

Dos años después, en 2003, llegó la primera conquista, cuando el expreso suizo tenía solamente 21 años de edad. En la final, Federer venció al australiano Mark Philippoussis con un claro 7-6, 6-2, 7-6. Aquella tarde de julio inauguraría el casillero de títulos de Grand Slam. Fue el primero de los 18 que lleva hasta el momento.

En 2004, llegó el segundo título consecutivo, aunque en esta ocasión costó un poco más, pues el partido se extendió a cuatro sets. La víctima fue el estadounidense Andy Roddick, a quien acababa de desbancar como número uno del mundo.

La tercera corona en Londres fue una repetición de lo que había sucedido el año anterior. El rival fue el mismo y el resultado también: Federer confirmaba su dominio sobre Roddick, esta vez en sets corridos.

Llegó 2006 y a estas alturas, Míster Perfección ya parecía imparable. Su reinado se extendía un año más después de derrotar en la final a Rafael Nadal, vengando la dura derrota sufrida en Roland Garros unas semanas atrás. El helvético se impuso 6-0, 7-6, 6-7, 6-3.

El clásico contra Nadal se dio nuevamente en 2007, y Federer volvió a salir avante, pero ahora tuvo que recurrir por primera vez a cinco sets para conquistar un trofeo de Grand Slam. 6-2 fue el score en el quinto set, y así llegó la quinta corona al hilo, haciendo historia en el All England Lawn Tennis Club.

La racha se vio interrumpida en 2008 y la sexta no pudo llegar. Estuvo tan cerca como un match point, pero esta vez prevaleció Nadal, ganando 9-7 el quinto set, en el que es considerado por mucha gente el mejor partido de todos los tiempos.

Pero los grandes siempre regresan por lo que es suyo, y en 2009 Roger volvió a conquistar la Catedral del tenis con su sexto campeonato ante un viejo conocido, Andy Roddick, en otro épico desenlace: 16-14 en el set definitivo.

Pasaron tres años para que el de Basilea regresara a una final en el césped sagrado. Y la séptima llegó, aunque esta vez Roger tomó el papel de aguafiestas venciendo al local Andy Murray 4-6, 7-5, 6-3, 6-4.

No ha llegado el título que rompa el empate con Pete Sampras y William Renshaw. Estuvo muy cerca en 2014 y 2015, pero en ambas ocasiones Novak Djokovic lo impidió. Se esquiva, se esconde y se mofa de las ilusiones del más grande de la historia.

 

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